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La Cuarta Semana del Tiempo Pascual:

El tropezón en la fe del Cristo resucitado de los muertos

El tema de las lecturas de la cuarta semana habla del tropezón en la fe del Cristo resucitado de los muertos. Las lecturas del cuarto Domingo concluye con el estudio de la imposibilidad de la fe y el tropezón del hombre en su camino para conocer al Cristo. El camino de la fe es un camino espiritual experimental y no racional. Pues quien depende de la lógica solo sin probar el mandamiento, vive toda su vida incierto o inconstante en la fe del Cristo. Aún si alcanza la fe mental será separado del Cristo con su espíritu, y sentirá que hay un obstáculo entre él y el Cristo. Este sentimiento puede ser horrible para las personas religiosas o quien su vida depende sobre la religión, por consequencia su fe se convierte a un fanatismo por la utilidad.

Por eso San Pablo dice:

“Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra.” (2Ts. 2. 15). “...Y para que seamos librados de hombres perversos y malos; porque no es de todos la fe.” (2Ts. 3. 2).

San Juan nos da el señal de la fe correcta: “En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu.”(1Jn. 4. 13).

La Epístola de los Hechos de los Apóstoles nos da cuadros del tropezón del hombre; sea de las naciones que intentaron ofrecer sacrificios a Pablo y Bernabé pensando que son Dioses encarnecidos o sea de los judíos que intentaron apedrear a Pablo. Pero Dios “si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones.” (Hch. 14. 17). Esto no impedió a Pablo de llevar a cabo el mensaje de su fe, pues después de estos eventos, “...Y después de anunciar el evangelio a aquella ciudad y de hacer muchos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.” (Hch. 14. 21-22).

El evangelio concluye el habla sobre el tropezón en la fe con el anuncio que el Cristo es la luz del mundo “...andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe a dónde va.” (Jn. 12. 35). Después aclara la importancia de la fe del Cristo “...El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; y el que me ve, ve al que me envió. Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas. Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo.” (Jn. 12.44-47).